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Mi familia y otros animales

Marzo 21st, 2011 Marzo 21st, 2011
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O Recanto Verde recomenda:

“Les tomé un gran cariño a aquellos escorpiones. Descubrí que eran  animales simpáticos, sencillos, de costumbres en general encantadoras. Con tal que uno no cometiera alguna tontería o torpeza (como ponerles la mano encima), los escorpiones le trataban con respeto, guiados de un único deseo: huir a esconderse cuanto antes.  Yo debía ser para ellos una auténtica cruz, porque me pasaba la vida arrancando trozos de yeso para observarlos, o capturándolos y obligándoles a caminar dentro de tarros de mermelada para ver cómo movían las patas. Gracias a mis súbitos e imprevisibles ataques al muro aprendí no poco sobre los escorpiones. Averigüé que comían moscones, saltamontes, mariposas nocturnas y típulas. Varias veces los hallé devorándose entre sí, hábito que me disgustaba sobremanera en unas criaturas por lo demás intachables.”

Gerald Durrell–  Mi familia y otros animales. Alianza editorial

Se che gustan os animais, busca as obras de DURRELL na biblioteca.

O moucho, ave do ano

Marzo 11th, 2011 Marzo 11th, 2011
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A Sociedade Española de Ornitoloxía (SEO/Birdlife) elixiu por primeira vez unha rapaz noctura como Ave do Ano 2011. Trátase do moucho común (Athene noctua). Na última década esta especie viu reducido o seu número de exemplares de xeito acelerado debido aos cambios nos hábitats rurais. Este ano é unha boa ocasión para coñecer o moucho e outras rapaces como a curuxa que a pouco que investigues e preguntes descubrirás doadamente entre nós, tamén en Mugardos.

El clan del oso cavernario

Febreiro 17th, 2011 Febreiro 17th, 2011
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O Recanto Verde recomenda:

“…Cuando se enteró de los animales muertos que solían encontrar los hombres, tuvo la impresión de que nada tenían que ver con los espíritus. Incluso se preguntó si Zoug o alguno de los otros no les estarían gastando una broma. No parecía probable, pero su intuición le indicaba que las muertes eran causadas por un agente humano. También se había percatado de los cambios producidos en Ayla, cambios que debería haber reconocido ahora que lo pensaba: las mujeres no caminaban con el paso ligero del cazador, hacían ruido, y con harta razón. Más de una vez Ayla le había sorprendido al acercarse a él tan silenciosamente que no la había oído llegar. También había otras cosas, menudencias que deberían haber despertado sus sospechas.
Pero le había cegado el amor que sentía hacia ella. No se había permitido pensar siquiera que pudiera estar cazando…”

Jean M. Auel. El Clan del Oso Cavernario. Colección Los Hijos de la Tierra

Colle o teu marcapáxinas no taboleiro de Educación Medioambiental e busca esta obra na biblioteca:
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